miércoles, 15 de noviembre de 2017

El viajero del tiempo: Hugo Chávez firmó el Acta de la Independencia de Venezuela


Mario Szichman



Cada régimen utiliza sus peculiares técnicas para alterar la realidad. Hace algunos años, el gobierno de Nicolás Maduro Moros reveló que el fallecido fundador del movimiento había firmado el Acta de la Independencia de Venezuela.
Según anunció el periódico Tal Cual (29 de mayo de 2013) “Un facsímil digital del Acta de la Independencia, que contiene una reproducción fiel de la versión original, fue modificado con la finalidad de añadirle la firma del difunto Hugo Chávez Frías. El objeto se encuentra en el museo de La Casa de las Primeras Letras Simón Rodríguez, ubicada en el bulevar Panteón, entre las esquinas Veroes y Jesuitas”.
El historiador Alejandro López, encargado de La Casa de las Primeras Letras, explicó que habían modificado el Acta de Independencia disponible en la sala digital porque “consideramos a Hugo Chávez como otro prócer de la Independencia” que “merece, como cualquier otro venezolano, tener su firma allí”.
 El chavismo ha hecho varios intentos para borrar el pasado de Venezuela y reemplazarlo con su propia versión de la historia.  Ha creado heroínas inexistentes, como la generala post-mortem Dolores Dionisia Santos Moreno, también conocida como “La Inmortal de Trujillo”. (En este caso, se trata de un flagrante invento del historiador chavista Huma José Rosario Tavera), y le ha practicado la cirugía estética al Libertador Simón Bolívar, para reconfigurar su rostro y transmutarlo a mitad de camino en el de Chávez.
(Ver "Cómo esta far a la posteridad” En:
http://marioszichman.blogspot.com/2015/10/como-estafar-la-posteridad.html)
Pero incorporar al fallecido presidente al panteón de la gloria colocándolo al lado de próceres que realmente firmaron el Acta de la Independencia hace más de dos siglos, es un paso de infinita audacia.

LA RECONSTRUCCIÓN DE LA HISTORIA
                
Una expresión común en estas tierras es If you have it, flaunt it Si usted posee algo (muy especial) pues debe hacer gala de ello. ¿Y qué se hace cuando el pasado es ilusorio? Pues se lo inventa.
En El 18 Brumario de Luis Napoleón Bonaparte, Carlos Marx citó a Hegel diciendo que la historia ocurre dos veces, la primera como tragedia, y la segunda como comedia. Se duda que Hegel haya dicho eso. Al parecer, la frase fue un invento de Marx, pero es excelente.
En la Venezuela chavista la historia se ofrece primero como farsa, y luego como bufonada. Dudo que exista otra experiencia política similar al chavismo en las crónicas de América Latina.
Uno de los errores cometidos por amigos y adversarios del chavismo es suponer que ese movimiento político sigue amarrado al planeta tierra. Vale recordar que al presidente Nicolás Maduro se le apareció un pajarito en julio de 2014, cuando estaba por cumplirse el sexagésimo aniversario del nacimiento de Chávez. El pajarito, un connotado símbolo fálico del repertorio freudiano, se transfiguró en un portavoz del más allá, e informó a Maduro que Chávez estaba feliz “y  lleno de amor por la lealtad de su pueblo”.
El presidente de Argentina, Juan Perón, decía que se retorna de todas partes menos del ridículo. Ocurre que Perón creció en la Argentina, y aunque su experiencia como agregado militar en la Italia de Benito Mussolini le aflojó un poco los músculos, seguía temiendo la burla, una de las razones que convierten a los habitantes de Buenos Aires en dechados de solemnidad.
En cambio Chávez era un caribeño hijo y nieto de venezolanos, sin una gota de sangre española.  (La herencia española salvó a los hermanos Castro de incurrir en bufonadas). Chávez transitó tantas veces el ridículo, que logró blindarse contra él.
No voy a repetir las hazañas de Chávez en materia de mal gusto, de gestos improcedentes, de bravatas imposibles de llevar a cabo. Como decía Jorge Luis Borges al mencionar un mal poeta, describir a Chávez en sus desaguisados sería “una declaración de rencor”.

REPITIENDO SUCESOS

Tras indicar que la historia se daba dos veces, la primera vez como tragedia, la segunda como comedia o farsa, Marx añadió que los líderes de cada época se vestían con ropas antiguas. Los romanos se disfrazaron de griegos, y los revolucionarios franceses de romanos. Y aunque Marx no vivió para verificarlo, los revolucionarios rusos usaron emblemas y decretos copiados de la Revolución Francesa.


Hugo Chávez estaba embelesado con Simón Bolívar. Al punto que en una ocasión, ordenó desenterrar sus restos, a fin de practicarle una autopsia. Estaba convencido de que El Libertador había sido envenenado por la oligarquía colombiana. Según Chávez, quien habría dado la orden, fue Francisco de Santander, su lugarteniente durante la guerra de liberación.
Los restos de Bolívar fueron llevados a una especie de quirófano, y sometidos al escrutinio de Chávez y de otros galenos del régimen.
(https://www.youtube.com/watch?v=j3f7OpT2168)
Chávez y el resto de sus asesores se vistieron para la ocasión como cirujanos. Las cabelleras de todos ellos habían sido cubiertas por esos gorros de plástico que suelen usar las mujeres cuando se van a duchar.
¿Y después de eso qué? ¿Pensaba Chávez sentar en el banquillo de los acusados al cadáver de Santander? Es dudoso que los colombianos le hubieran remitido al difunto. De todas maneras, la historia está plagada de episodios donde seres famosos no viven tranquilos ni después de muertos. No olvidemos que la iglesia católica, presuntamente más seria que el chavismo, juzgó el putrefacto cuerpo del papa Formoso durante los dos Sínodos del Cadáver[i].  

El sínodo del cadáver juzgando al papa Formoso

Afortunadamente, a último momento, Chávez renunció a la idea de reclamar los restos de Santander, y se dedicó a otros menesteres.

LOS REDUCIDORES DE CABEZAS

En su ensayo El culto a Bolívar, el historiador venezolano German Carrera Damas reproduce Cirene, un relato del gran narrador Enrique Bernardo Nuñez. La fábula describe la evolución de los cireneses, que “vivían entregados al culto de sí mismos y al de sus héroes”. Pero había entre esos héroes un ser no solo inmortal, sino inmarcesible. Y los cireneses “lo proclamaron el hombre más grande de la tierra”.
Todos los habitantes de Cirene se dedicaron a ser historiadores “y a vivir en el pasado remoto. Esculpieron aquel nombre en columnas, arcos y templos. Y al pie de una montaña erigieron un panteón, rematado por una torre llena de símbolos”. Finalmente, el héroe se convirtió en un dios “a quien rendían el culto más ferviente”. Los sucesivos tiranos que gobernaron Cirene, decía Enrique Bernardo Nuñez, “permitían este culto y lo favorecían. Encontraban así un medio seguro de hacerse perdonar sus latrocinios”.
Mientras los demás pueblos avanzaban hacia el porvenir, los cireneses se recluyeron en el tiempo en que había existido el héroe máximo. Y un día, Cirene desapareció, tras quedar paralizada por una historia demasiada remota, y por el tedio de sus habitantes, hartos de adorar a un héroe excesivamente perfecto.
Pasaron los siglos, hasta que una expedición antropológica visitó las ruinas de Cirene y descubrió varios cráneos. En la región frontal y en el occipucio de esos cráneos,  “había un vago diseño de figura humana”. Por otra parte, los cráneos “eran reducidísimos, comparados con los de otros contemporáneos”.
Finalmente, los antropólogos descubrieron la causa de esa anormalidad. “El diseño”, dijo Nuñez, “tenía extraña semejanza con la efigie del héroe cirenés grabada en las monedas y medallas”. Como en Cirene existía una sola obsesión, el culto al endiosado héroe, su perfil terminó adueñándose “del cráneo de los desdichados cireneses”.
A mediados de 2010, el periódico Tal Cual de Venezuela comenzó a publicar una edición dominical. (Previamente, salía de lunes a viernes). Ofrecí escribir una columna semanal y dedicarla al líder máximo. El título genérico era Crónicas del siglo XXI. En cierto momento, pensé inclusive escribir un libro titulado Nuestro líder máximo: lecturas de moral razonada.
Me convertí en una especie de doctor Watson, una especie de cronista que adoraba los extraños caprichos del comandante en jefe. Mi única misión en la vida consistía en robustecer el culto a la personalidad del presidente Chávez. 
En esas columnas expliqué cómo el comandante había cambiado no solamente a Venezuela, sino al mundo. Había creado la Misión Curándose en Salud, donde cada enfermo elegía la dolencia de su predilección, había derogado los gobiernos anteriores, la muerte y el insulto, disuelto las fronteras, reciclado los espejismos para destinarlos a fines pacíficos, y creado la Misión ¡Vamos todos a parir! Tanto las mujeres como los hombres estaban constreñidos a quedar en estado interesante, pues, el comandante era partidario de la igualdad de los sexos. Otro aporte a Venezuela había sido la creación de un sistema de justicia en el cual, mediante la autogestión, los propios delincuentes se imponían las penas que estimaban adecuadas.
Y consideré inevitable que en algún momento de su arrolladora vida, el líder máximo incursionaría en el pasado para alterarlo y perfeccionarlo.

MAQUILLANDO LA POSTERIDAD

Estamos seguros de que con algunos años más de chavismo, la historia venezolana lucirá como un cuento de hadas. La incorporación de la firma del fallecido presidente venezolano al Acta de la Independencia será apenas uno de sus testimonios de grandeza. Ya tendremos crónicas donde se explicará cómo Hugo Chávez, en su incursión al pasado, salvó el 5 de julio de 1811, primer grito de libertad lanzado por los venezolanos,  para que no cayera en manos de la funesta oligarquía. O como adoctrinó al mozalbete de Simón Bolívar para que no cediera a los cantos de sirena de los escuálidos.
Surgirá un texto del propio puño y letra de Bolívar, donde se hablará maravillas de un humilde teniente coronel, amado de la plebe, encargado de cambiar decisivamente el curso de la revolución.  
Gracias a ese militar de Barinas, Venezuela tendrá otra historia. Francisco de Miranda no morirá encadenado en la Carraca, no serán exterminados por los españoles dos docenas de familiares de Bolívar, ni colgará de una jaula la cabeza estofada del general José Félix Ribas.  
Basta que el chavismo se prolongue en el tiempo, para que todo sea idílico. La pesadilla histórica habrá quedado atrás. La firma del comandante eterno quedará estampada no solo en el Acta de la Independencia, sino  en todo documento histórico, en tanto otras firmas de próceres se irán desvaneciendo de esos documentos, y luego, de la memoria colectiva.
Será un final jamás soñado por los habitantes de una patria que según el Libertador “perdurará, y será gloriosa. Y perdurará, simplemente, porque es Caribe, y no boba”.




[i] El papa Formoso (816-896) gobernó la grey católica entre 891 y 896. Su breve reinado estuvo plagado de problemas eclesiásticos y políticos. Fue sucedido por el papa Bonifacio VI, quien duró menos de un año en el papado. Su reemplazante, Esteban VI decidió juzgar a Formoso, pues lo consideraba indigno del pontificado. Formoso fue desenterrado, y procesado en el 897, en lo que se conoció como El Sínodo del Cadáver. Vestido con las ropas papales, y sentado en el trono de San Pedro, Formoso enfrentó impávido los cargos que le presentaron sus acusadores. Todas sus medidas fueron anuladas, y las órdenes que confirió, declaradas inválidas. Posteriormente, le fueron arrancadas las vestimentas papales, se le amputaron los tres dedos de su mano derecha que usaba en las consagraciones, y su cadáver fue arrojado al río Tíber. Pero Formoso no pudo descansar en paz. El papa Sergio III (904-911) se sintió insatisfecho con la condena, ordenó volver a desenterrarlo, y procesarlo en el segundo Sínodo del Cadáver. Sus restos reposan actualmente en el Vaticano.

sábado, 11 de noviembre de 2017

Al Capone tropezó en el sur de La Florida con la horma de sus zapatos


Mario Szichman


Al Capone       

Siempre me impresionó la historia de un temible delincuente argentino  llamado Mate Cocido. Pero me sobresaltó aún más la leyenda del hombre que lo atrapó, le cortó la cabeza, y la entregó en una jefatura policial. Cuando se trataba de exhibir ferocidad, ese señor era realmente el artículo genuino.
Del mismo modo, siempre quedé perplejo ante las desventuras de Alphonse Gabriel Capone (Al, para sus amigos), en el sur de la Florida. El gánster solía causar pavor, hasta que se enfrentó, en Miami y en sus alrededores, con seres tenebrosos que le hicieron la vida imposible y lo pusieron en ridículo.
Hace algunos años, exactamente el 28 de septiembre de 2010, fue recreado en un tribunal de Miami el proceso por perjurio contra Capone. El juicio original se registró  previamente en julio de 1930.
Meses antes, en abril de 1930, Capone había regresado a su vivienda de Miami Beach, ubicada en el 93 de Palm Island, luego de servir 10 meses en una prisión de Pensilvania acusado de portación encubierta de armas.
Tras recibirlo en el sur de la Florida, las autoridades de Miami decidieron adoptar el llamado Plan de Chicago. Consistía, básicamente, en hacerle la vida imposible para que retornara a su lugar de origen, el estado de Illinois.
El Director de Seguridad Pública del condado de Dade emitió una orden de arresto a fin de capturar al “Enemigo Público Número Uno” on sight. Cada vez que Capone abandonaba su mansión, era arrestado. Durante mayo de 1930, eso ocurrió en cuatro ocasiones distintas. Uno de los cargos contra el gánster, era por vagancia. Capone era incapaz de explicar cómo se ganaba la vida, aunque era obvio que no pedía limosna en las calles.  Y cuando alegaba que se dedicaba a la compraventa de propiedades inmobiliarias, se le reían en la cara.

EL JUICIO DEL ESTADO DE FLORIDA CONTRA CAPONE (CASO #621)



Funcionarios del departamento de alguaciles del condado de Dade allanando la casa de Capone

El primer arresto ocurrió cuando Capone se dirigía a la función matiné de Las nuevas aventuras de Fu Manchú, en el Olympia Theatre.  Se lo acusaba, básicamente, de no explicar a cabalidad el origen de sus ingresos. El cargo que más le indignaba a Capone, era el de holgazanería.
Según las autoridades, Capone carecía de medios visibles para financiar su lujosa vivienda, sus costosas ropas, su flamante automóvil, sus guardaespaldas, sus queridas, o su digna esposa. Además, no cumplía horarios de oficina.
Capone no se resignó a su suerte. Y lanzó una contraofensiva. Acusó al entonces Director de Seguridad Pública del condado de Dade, S.D. McCreary, de arrestarlo bajo falsos cargos. En represalia, McCreary lo incriminó por perjurio. Capone contraatacó, denunciando que durante sus arrestos, había sido confinado en una celda secreta, y se le había negado el uso del teléfono.
Luego, el delincuente convocó a sus mejores abogados para que entablaran un juicio contra las autoridades de la ciudad por hostigamiento.
“Todos los métodos empleados para arrestar a Capone fueron claramente ilegales”, dijo a The Miami Herald Scott J. Silverman,  juez de circuito del condado Miami—Dade e historiador oficial del Undécimo Circuito Judicial de Florida.
Silverman se encargó de patrocinar en el 2010 el simulacro de juicio, al celebrarse el centenario de la corte de justicia donde se llevó a cabo el proceso original.

¿QUIÉN SE BURLA REALMENTE DE LA LEY?

El juicio original no fue muy legal. Al sentarse en el banquillo de los testigos, McCreary debió reconocer que ignoraba muchos aspectos de la ley. Y el juez que presidía las sesiones fue posteriormente acusado de aceptar sobornos.
No fue un proceso que deja bien parada a la justicia en el sur de la Florida. Pero, como dijo a The New York Times William Altfield, vicefiscal del estado, quien interpretó a McCreary en la recreación del juicio: “Nosotros venimos de allí. El simulacro de proceso se lleva a cabo en el mismo tribunal donde ocurrió el proceso original. Es algo mágico”.
Además, en la reiteración del proceso al hombre rebautizado Scarface, cara cortada,  pudo verificarse que la cultura justiciera del Sur de la Florida sigue siendo algo diferente a la practicada en el resto de los Estados Unidos. Es como si la región formarse parte del Salvaje Oeste, con sus propias reglas, sus seres feroces e imperfectos, y sus vastas triquiñuelas.
Una de las cosas que más indignaron a Capone fue que cuando allanaban su vivienda, las autoridades se negaban a darle recibos por los valiosos objetos que le confiscaban. Se ignora si alguna vez le devolvieron esos objetos. Hay muchas dudas.
Como dijo un periodista de The New York Times, si bien el sur de la Florida cambió mucho en el último medio siglo, “el pantano sigue siendo el pantano”.
El vicefiscal Altfield no pudo asistir a algunos de los ensayos del juicio a Capone, porque estaba investigando a funcionarios policiales cuya tarea principal parecía ser extorsionar a narcotraficantes a fin de extraerles sobornos.

ABSOLUCIÓN

The Miami Daily News describió así la escena del proceso original a Capone: “El tribunal estaba repleto de personas, las salidas bloqueadas, y muchas mujeres y niños se hallaban presentes. Mafalda, una hermana del acusado, estaba sentada detrás de él, y atrajo mucha atención”. 
Luego de varios días de testimonio, los doce miembros del jurado no tuvieron ocasión de resolver la suerte de Capone. Fue el juez E. C. Collins quien anunció el dictamen: Capone quedaba absuelto de todos los cargos en su contra.
El público estaba decididamente a favor del acusado. Cuando Collins anunció el veredicto, hubo un coro de voces que ovacionaron la decisión.
Según la agencia noticiosa The Associated Press, la demostración cesó cuando el juez ordenó a los alguaciles “arrestar a cualquiera que continuase con la aclamación”. 
Capone sonrió alegre, y agradeció a la multitud su apoyo.
Días después tras ser eximido de los cargos, abandonó su mansión en Palm Island, y se mudó a otra vivienda en el condado de Broward. Luego retornó a Chicago. Pero Florida terminaría siendo el lugar donde concluiría sus días.
En 1931, las autoridades federales en Chicago lo enviaron a la cárcel por evasión de impuestos. En la cárcel se agravó la sífilis que acosó al gángster desde su juventud. En 1939, gravemente enfermo, Capone obtuvo la libertad condicional, y decidió retornar a su vivienda de Palm Island.

Falleció el 25 de enero de 1947. Tenía 48 años. Nunca pasó un día en la cárcel, por los numerosos homicidios que ordenó contra sus rivales. Solo por evasión de impuestos.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

La industria del goce vicario


Mario Szichman




Nuestros héroes son sociables, pero no comen;
Nuestras mujeres tienen emociones,
Pero no asentaderas;
En cambio, nuestros ancianos hablan
Como si tuvieran la dentadura completa.
Bertolt Brecht


Hace algunos años, publiqué en una revista mexicana un artículo sobre la novela rosa en Estados Unidos. Las cifras que menciono seguramente han quedado obsoletas. Hay muchas más lectoras ahora que cuando publiqué el trabajo. Por otra parte, se han multiplicado las autoras, y los bestsellers. De todas maneras creo que la temática sigue siendo la misma, así como la técnica de la consumación diferida. M.S.

Anualmente, unas 20 millones de lectoras norteamericanas gastan cerca de 300 millones de dólares en novelas románticas, también conocidas como bodice rippers (desgarradoras de corsés). Se trata de un 40% del total de lo pagado en el campo del paperback.


Harlequin/ Silhouette  –la casa editorial que lidera en el campo del romance– junto con otra media docena de publishing houses, lanzan mensualmente al mercado unos 140 títulos. Se estima que la lectora promedio de novelas rosa adquiere unos 30 libros mensuales a un costo de entre 70 y 130 dólares a fin de verificar, con la monótona insistencia de un acto sexual repetido en la cinta sinfín de un proyector de películas pornográficas, las escasas opciones que tiene una heroína a la hora de perder su inocencia.
Walter Kendrick, del Village Voice, dijo que si todos los libros de Harlequin / Silhouette vendidos en un solo día fuesen colocados uno encima del otro, la pila alcanzaría 7.200 metros de altura. El Aconcagua tiene 6.960 metros de altura.

El ritual de iniciación depende del logotipo. Harlequin / Silhouette y Second Chance prescriben a sus autoras mostrar exclusivamente “lo que ocurre antes y después”, según dijo la agente literaria Sandra Watt. En cambio Dell autoriza a mencionar prácticas amatorias, inclusive aquellas que incluyen las palabras más famosas de la lengua latina.
“Cuando eso se muestra con decoro, nunca resulta ofensivo”, señaló Vivian Stephens, supervisora de la colección Éxtasis a la luz de las velas de la editorial Dell.

VICTORIA´S SECRETS

Las novelas rosa son el territorio del matriarcado. Los hombres están excluidos pues son muy machistas. Generalmente envían manuscritos rebosantes de escenas sexuales, describen a profesionales o actrices como mujeres que han prodigado sus favores para ascender a la cumbre y hablan “muy poco del color o del aroma de los pétalos de una flor”, según explicó durante un seminario realizado en Chicago Karen Solem, editora en jefe de Harlequin/ Silhouette.
En eventos llevados a cabo en Los Angeles, Dayton, Cincinatti, Houston, Nueva York y Chicago, y cuyo promedio de asistencia es de entre 300 y 500 escritoras consagradas y en ciernes, se discuten temas como la sensualidad, la duración de los besos, su sabor (“Quiero saber, por ejemplo, la temperatura que hay en la boca de una heroína”, dice Stephens), y cuándo están autorizados los protagonistas a hacer el amor (“Apenas surja una promesa concreta de matrimonio”, señala Kate Duffey, fundadora de Silhouette). Otra pregunta pertinaz: ¿es indispensable la doncellez?
Afortunadamente, no siempre. En el caso de un hombre, el mejor candidato es alguien que se divorció de una mujer promiscua. Cuando se trata de una mujer, es preferible una viuda cuyo matrimonio no se consumó.
Si hay algo que no escasea en esas novelas es un buen precipicio. Allí suelen caer flamantes cónyuges en el viaje de retorno del registro civil. El sobreviviente mantiene su virtud intacta hasta el próximo encuentro pasional.

IR LLORANDO AL BANCO

 Aunque las exigencias son abrumadoras, también lo son las ganancias. Según Betsy Morris, de The Wall Street Journal, sólo Silhouette, antes de su fusión con Harlequin, contaba con un elenco de 250 autoras que producían más de 330 títulos cada temporada.
Las autoras más exitosas pueden producir unos cuatro libros por año y ganar en ese lapso más de 100 mil dólares. De ahí en más, el cielo es el límite. Por ejemplo, Janet Daley ha logrado colocar en el mercado unos 100 millones de ejemplares. Sus ganancias en el último lustro superan los 15 millones de dólares.
Aunque los estereotipos no escasean en materia de novelas románticas, la ansiedad generada por capturar una tajada de la torta obliga a las autoras a abrevar en distintos géneros, a movilizarse en diferentes lugares del planeta, y a prosperar en la exploración de la anatomía.
En un país donde hasta el correo se ha diversificado para enviar cartas al más allá (Afterworld Communications fundada por Adam Dennis Green en Detroit) y al más acá, pero destilando veneno (Anonymously Yours, de Richard Weis con sede en Indianapolis) o con dirección equivocada adrede y seguro contra litigios  –un telegrama con orla enlutada al padrino de una boda, un saludo de Feliz Cumpleaños a la víctima de un tornado–, resulta fácil encontrar especies y subespecies propicias para cada encuentro sentimental. De ahí la existencia de la categoría Antigua novela romántico-gótica, en que doncellas huyen de una mansión incendiada por los norteños durante la guerra civil, y la Moderna novela romántico-gótica, en la cual la mansión es reemplazada por una góndola negra con aspecto de cenotafio y la doncella por una adolescente poseída por el demonio.
También existe el género Contemporáneo-démodé popularizado en las series de televisión Dinastía y Dallas, habitado por millonarios petroleros, vampiresas morenas y rubias heroínas de ojos atónitos, como si recién hubieran acabado de ponerse los lentes de contacto, y el género Contemporáneo moderno lanzado al mercado por Harlequin / Silhouette en su serie Intriga Romántica.
La pauta ofrecida por Harlequin a sus novelistas en ciernes indica que “Una intriga romántica es una novela contemporánea de suspenso y aventura”. Sus ingredientes esenciales son “un fuerte romance, un sostenido suspenso o misterio, y la amenaza de violencia o peligro”. El tema puede tener “un giro inusual de asesinato o espionaje, aunque es mejor evitar el narcotráfico y la política, así como tramas de terrorismo o de secuestro con fines políticos”. Por último “debe existir una satisfactoria conclusión de la intriga y un final romántico y feliz”.

EL MUNDO ES ESTRECHO Y AJENO

Aunque entre las localidades románticas siguen de moda Australia y la Polinesia, han sido radiadas de servicio localidades como “El Medio Oriente, África, Cuba, Nicaragua y la India”, de acuerdo a la pauta fijada por Harlequin/ Silhouette. Incluso Trinidad, uno de los baluartes del romanticismo, se halla en la lista negra. Si bien está en el Caribe de habla inglesa, “evoca de inmediato a Centroamérica”, dijo una ejecutiva de Second Chance.

Con respecto a los hábitos sexuales, si bien las heroínas han dejado de ser vírgenes, aún continúan obedeciendo pautas victorianas.

La novelista Sandra Brown dice que las “mujeres siguen buscando la relación ideal. Nuestras heroínas nunca saltan a la cama en la primera ocasión. Sus corazones y mentes deben ser conquistados antes que sus cuerpos”. Y Harlequin / Silhouette exige a sus autoras “poner el énfasis en el desarrollo de la relación romántica” pues “las escenas sexuales a veces afectan la tensión y el ritmo que debe mantenerse a lo largo de todo el relato”.
En ese sentido, hay algo que no se avizoraba a comienzos de la década del noventa: han proliferado las narraciones y filmes donde se posterga el acto sexual. El caso más famoso es el filme Lost in Translation, protagonizado por Bill Murray y Scarlett Johansson.
De todas maneras, aunque las novelas románticas se siguen vendiendo como pan caliente, han perdido algo de su impulso.
Expertos del sector editorial consultados por The New York Times dijeron que las lectoras parecen haberse hartado de las tradicionales fórmulas de ficción, “particularmente cuando parecen al margen de las preocupaciones, del estilo de vida y de la imagen de la mujer de hoy”.
Quizás Gillian Flynn, con su magnífico y aterrador relato Gone Girl, está marcando el nuevo camino. Ahora abundan las novelas en que el matrimonio es el infierno tan temido, como lo indican dos excelentes muestras del nuevo género: Disclaimer, de Renée Knight, y The Silent Wife, de la canadiense A.S.A. Harrison.
De todas maneras, no ha llegado aún la hora de excluir las novelas románticas de los estantes de las librerías. Además de vender escapismo, fantasías sexuales y finales felices, intenta enrolar en el negocio a sus pasivas receptoras y convertirlas en activas generadoras de escapismo, fantasías sexuales, finales felices y amplias regalías.

En múltiples simposios, gerentes de casas editoras, escritoras famosas y agentes literarios, alientan a sus lectoras a convertirse en autoras, consultan sus gustos, analizan tendencias, elaboran guidelines aspirando a adecuar la pasión que hace proliferar con seres humanos este planeta tierra afligido por la drogadicción, el terrorismo, la crisis económica, y los salvadores de la patria.

sábado, 4 de noviembre de 2017

Estrategias para falsificar la historia

Mario Szichman



Bernardo de Monteagudo      
Las malas causas
Tienen tantos mártires
Como las buenas.
Lazare Carnot
General de la Revolución Francesa



En América Latina, durante la guerra de Independencia, existió un hombre, Bernardo de Monteagudo, que sirvió a dos amos: a los próceres de la independencia latinoamericana José de San Martín y Simón Bolívar.
Monteagudo era uno de los grandes villanos de la historia latinoamericana, bigger than life.
En las memorias del general Guillermo Miller, uno de los soldados más fieles de San Martín, se habla pestes de Monteagudo, de su “imposición de medidas impopulares”, su “opresivo espionaje”, “la cruel manera en que desterró a individuos muy respetables”. Además, se temía que intentara “establecer un gobierno monárquico contrario a los deseos del pueblo”. Esos atributos convirtieron a Monteagudo “en objeto de desagrado y desconfianza”. 
El pueblo de Lima, aprovechando la ausencia de San Martín, se amotinó contra Monteagudo y lo obligó a renunciar.
El historiador chileno Benjamín Vicuña Mackenna dijo que Monteagudo “cometió horribles crueldades” en Lima cuando fue ministro de San Martín. Además, se jactó de ellas. Según Vicuña Mackenna,  “En su famoso manifiesto de Quito”, el ministro de San Martín alardeó “de haber reducido a quinientos los diez mil españoles que encontró en la primera de esas ciudades”.
León Tolstoi decía que en la administración pública hay hombres tan necesarios como las bestias en la naturaleza. Esos hombres descuellan por su cercanía con los jefes de estado. Como monopolizan la crueldad, permiten a sus jefes exhibir altruismo y nobles modales.
El general Louis Nicolas Davouz se encargaba de cometer crueldades “a espaldas” de Napoleón, en tanto su rival, el zar Alejandro de Rusia, contaba con el general Alexey Arakcheyev para hacer el trabajo sucio.
Si el lector desea saber por qué la literatura rusa es superior a la francesa, basta comparar a Arakcheyev con Davouz. Aunque Balzac tuvo portentosos modelos de seres desalmados en los cuales abrevaron sus novelas, ni siquiera el más feroz se animó a expresar, como Arakcheyev: “Soy amigo del zar y solo existe una persona ante quien es posible elevar una queja por mis métodos: Dios”.
Y aunque Fouquier-Tinville, el acusador público que ordenó guillotinar a Carlota Corday, y colaboró en el arresto de otras figuras públicas como Robespierre y Saint-Just es lo más aproximado a un genio del mal, ni siquiera él osó intervenir en las actividades reproductivas de los franceses, como lo hizo Arakcheyev con los rusos. En su enorme finca de Gruzino, las campesinas fueron obligadas a procrear al menos un vástago por año. Se ignora cuál era el castigo para quienes no cumplían con la cuota. 

EL GENIO DEL MAL


José de San Martín

Monteagudo puede considerarse un hombre bisagra. Poseía los atributos combinados de Davouz y de Arakcheyev, y los puso al servicio de San Martín y de Bolívar.
En el caso de San Martín, Monteagudo lo ayudó a librarse de españoles. Vicuña Mackenna mencionó una lista “de esos cargamentos humanos” que Monteagudo remitía a Valparaíso en 1821, “en un buque al que, para hacer más siniestro su destino, diera su propio nombre, la célebre fragata Monteagudo”.
En esa ocasión, fueron despachadas cuatrocientos ochenta personas. De ellas indica el historiador chileno, “cerca de la quinta parte pasaba de sesenta años de edad. Para que se juzgue de la inútil barbarie de esta persecución, elegimos al acaso algunos nombres de la lista de proscripción: Juan Muñoz, andaluz, de profesión mantequillero, edad setenta y un años; Fernando María Gómez, comerciante, setenta años; Felipe Quinteler, gallego, marinero, setenta y cinco años”.
Tras la decisión de San Martín de renunciar a su cargo de Protector, Monteagudo retornó a Lima como secretario de Bolívar, donde fue asesinado en el anochecer del 28 de enero de 1825, cuando tenía apenas treinta y cinco años de edad. El cadáver fue encontrado boca abajo, con las manos aferradas a un puñal que le habían clavado en el pecho. 
Cuando Bolívar se enteró del asesinato de Monteagudo, exclamó: “¡Monteagudo! ¡Monteagudo! Serás vengado”.
El retorno de Monteagudo a Lima, aferrado a la levita de Bolívar, no fue recibido con beneplácito. El patriota peruano José Faustino Sánchez Carrión, quien fue ministro del prócer venezolano, había anunciado en un bando público que si Monteagudo regresaba, cualquier limeño podía asesinarlo. Sánchez Carrión prometía al asesino total impunidad.
Bolívar, quien conocía la calaña de los hombres que trataba, dijo de Monteagudo en una carta al colombiano Francisco de Paula Santander, su vicepresidente: “Es aborrecido en el Perú por haber pretendido una monarquía constitucional, por su adhesión a San Martín, por sus reformas precipitadas y por su tono altanero cuando mandaba”.
Pero Bolívar, que además de romántico había leído a Maquiavelo, agregaba en la carta: “Añadiré francamente que Monteagudo conmigo puede ser un hombre infinitamente útil”.


Simón Bolívar

La investigación del asesinato de Monteagudo puso a Bolívar en el rol de detective, una tarea que los historiadores bolivarianos no han tomado en cuenta, aunque han explorado todos los aspectos de su vida. Como recordaba el profesor Germán Carrera Damas en su magnífico libro “El culto a Bolívar”, a un panegirista se le ocurrió redactar un opúsculo titulado “Bolívar jugador de ajedrez”.
La pesquisa de Bolívar,  por sí sola, es para escribir una novela, especialmente el descubrimiento de los dos asesinos materiales de Monteagudo, Candelario Espinosa y Ramón Moreira.
La principal pista era el cuchillo usado para matar a Monteagudo. Había sido recientemente afilado. Por lo tanto, Bolívar ordenó citar a todos los barberos de Lima para ver si alguien reconocía el arma homicida. Uno de ellos admitió haber afilado el cuchillo, y reveló el nombre del portador.
Al día siguiente, se citó para ser reconocidos “a todos los criados de casas y gente de color”. De esa manera, gracias a un gigantesco dragnet que solo podía permitirse Bolívar, fue identificado un asesino. Eso condujo al hallazgo de su cómplice.
Obviamente, no era una época en que se respetaban los derechos humanos. Los sospechosos fueron torturados para que confesaran. Algunos historiadores dicen que Bolívar estuvo presente en algunas de esas sesiones de apremios ilegales.

LA SOMBRA DETRÁS DE LOS ASESINOS

A Bolívar no le interesaban los autores materiales del asesinato de Monteagudo, sino los intelectuales. El principal sospechoso resultó ser Sánchez Carrión, por su proclamada inquina contra Monteagudo y por haber prometido impunidad a quien lo asesinara.
Muchos años después, el general Tomás Mosquera, quien llegó a ser presidente de Colombia, y fue jefe del estado mayor de Bolívar, dijo que uno de los asesinos de Monteagudo confesó a Bolívar que Sánchez Carrión le pagó por su tarea 50 doblones en oro.
Sánchez Carrión era líder de una logia republicana que se había enfrentado a las intenciones monárquicas de Monteagudo.
También Mosquera dijo que como represalia, Bolívar mandó a envenenar a Sánchez Carrión. El funcionario falleció meses después de una afección probablemente causada por la ingestión de arsénico.

REINVENTANDO A MONTEAGUDO

Aunque muy desprestigiado durante todo el siglo XIX, Monteagudo ha vuelto a ponerse de moda, adquiriendo ribetes de revolucionario y de jacobino, tal vez porque el bicentenario de la independencia de América Latina brinda distancia suficiente para encubrir desafueros, o porque en dos siglos desde el comienzo de esa lucha tantos bellacos han gobernado nuestras patrias, que los protocrueles, los protoladrones y los protolacayos parecen próceres por comparación.
La figura de Monteagudo como hombre bisagra es difícil de imitar. Contribuye a esclarecer la actuación de San Martín y de Bolívar.
Con San Martín, Monteagudo fue promonárquico, pues San Martín era promonárquico. Hay abundantes pruebas de que el general nacido en la provincia de Yapeyú hizo numerosas gestiones para pactar con los españoles.
Cuando le llegó el turno de servir a Bolívar, Monteagudo se transfiguró en republicano. En el ínterin, ocurrió la batalla de Ayacucho, que puso punto casi final a la presencia de España en Sudamérica, excepto por algunos reductos como las fortalezas del Callao o la isla de Chiloé.
Con San Martín, Monteagudo se mostró tan indeciso y vacilante como su jefe. Cada vez que San Martín independizaba algo, era necesario volver a independizarlo. Su gestión como Protector de Lima fue un desastre. Su destacamento insignia, el Regimiento de Granaderos a Caballo, se alzó en las fortalezas del Callao, luego que sus soldados recibieron como alimento arroz en mal estado y sufrieron toda clase de calamidades  porque sus jefes se quedaron con la mayor parte del dinero destinado a pagar los suministros. Los cabecillas de la insurrección devolvieron las fortalezas a los españoles y fueron recompensados con un exilio dorado en la Madre Patria.
Bolívar tuvo que ir al Perú para resolver los desaguisados de San Martín. Como Bolívar actuaba con decisión, Monteagudo se acopló a su brío. Con Bolívar al frente, las fuerzas patriotas derrotaron a los españoles en dos combates épicos: la batalla de Junín, donde dos ejércitos se enfrentaron con lanza y cuchillo, sin disparar un solo tiro, y la batalla de Ayacucho, en que 4.500 colombianos, 1.200 peruanos y apenas 80 argentinos derrotaron a unos nueve mil españoles.

LA VENGANZA DE LOS PATRIOTAS

El escritor argentino Miguel Bonasso, quien tiene a su favor el mérito de amar a Alejandro Dumas, ha intentado en La venganza de los patriotas (Editorial Planeta) contar de manera simultánea la historia de las hazañas del general San Martín en tierra americana, y la vida, pasión y muerte de Monteagudo.
Pero la figura de San Martín recibe un tratamiento inadecuado. El general patriota no se muestra muy activo en sus labores como estadista. En compensación, resulta un amante excepcional. Pasa buena parte del tiempo en la cama con la patriota Rosita Campuzano. O tal vez, pasaba buena parte del tiempo en la cama, y Rosita Campuzano lo atendía como enfermera. San Martín sufría de terribles úlceras gástricas. Y era un adicto al láudano, que aliviaba sus síntomas.
En cuanto a Monteagudo, consigue en la novela que a sus plantas caigan, rendidas como leonas, gran cantidad de mujeres patriotas. Bonasso nos hace creer que el caballero era muy seductor. Si eso es cierto, los grabados de la época nunca le rindieron homenaje a su estampa de galán.
Quizás eso se debía a su enorme energía. Nunca se quedaba quieto en un mismo lugar más de dos minutos. Sus retratistas tenían dificultades intentando capturar sus rasgos más viriles.
Si calculamos que en La venganza de los patriotas se registran dos encuentros amorosos por página, debemos concluir, al llegar a la página 250, que se han registrado ya alrededor de 500 apareamientos. Quizás mi cálculo esté equivocado, y una primera lectura haya obviado algún encuentro sexual. Podría intentar una segunda lectura, pero antes me corto las venas.
Curiosamente, no existe una sola escena homoerótica. Quizás eso se deba a que la novela tiene como protagonistas a varios próceres de la independencia, y éstos sólo merecen el mayor de los respetos.
Cuando el general San Martín no está en la cama, o disuadiendo a sus soldados de entrar en combate pues lo importante es ganar a los godos por cansancio, se la pasa diseñando una bandera. Bonasso dice que la bandera es de sencilla confección. No compartimos su criterio. El primer presidente de Perú, el Marqués de Torre Tagle, ordenó otro diseño del estandarte, pues su bosquejo era imposible de concretar.
Durante la novela, el general José de San Martín es acusado de apatía, de prejuicios monárquicos, y de querer coronarse rey. Eso, según Bonasso, es producto de las usinas de rumores de sus enemigos.
En realidad, parte del Plan de San Martín es de gran astucia. Consiste en hacer creer a sus enemigos que es apático, que tiene prejuicios monárquicos, y que quiere convertirse en un usurpador de la corona real. En cuanto a la otra parte del Plan maestro de San Martín, es imposible de dilucidar, o tal vez este comentarista obvió algunas páginas.
Para hacer prosperar la parte del Plan que divulga Bonasso –y también para tender una bonita trampa a los godos–, San Martín instituye la Orden del Sol.
Y aunque el propósito ostensible de esa orden era crear una aristocracia autóctona, fortaleciendo así las sospechas de que San Martín poseía prejuicios monárquicos y deseaba convertirse en un usurpador de la corona real, no debemos creer en los propósitos ostensibles. No cuando se trata del general San Martín. No cuando se trata del general inventado por Bonasso.
Según el autor de La venganza de los patriotas, San Martín nunca quiso decir lo que dijo sino todo lo contrario. Inclusive si lo estampó al pie de un documento oficial de su puño y letra.
En cuanto a la figura de Monteagudo, pasa por un maquillaje similar.
Bonasso presume, sin ofrecer prueba alguna, que Monteagudo fue injustamente acusado de todos los desmanes que cometió, y de los cuales abundan las pruebas.
De esa manera, en La venganza de los patriotas, nada de lo ostensible es real, en tanto mucho de lo oculto e indescifrable forma parte del increíble Plan esbozado por sus eróticos protagonistas. La alborotada prosa de Bonasso impide averiguar en qué consiste ese dichoso plan.
El resultado es una novela hiper sexualizada, donde se rinde vasto homenaje a Venus, escaso tributo a Marte, y ningún homenaje a la verdad histórica.

Y eso es lamentable. Un personaje de la talla de Bernardo de Monteagudo merece no una, sino varias novelas. Por la época en que le tocó actuar, por los personajes que frecuentó y con los que se asoció, por su vida personal, por su asesinato y por las secuelas  de su muerte.